27 de noviembre de 2012

La hora de la escritura

Día tras día, acostumbraba a lidiar con el mismo problema: ¿Debo escribir ahora o más tarde, o quizás dejarlo algún día?, hasta que comencé a tratarme igual que a mis niños.
Ahora, todas las mañanas, a una hora concreta, dejo todo lo que estoy haciendo y me siento a la máquina de escribir. Se acabó el conflicto diario entre el quiero y el debería. Escribo una hora exacta cada mañana, ni más, ni menos... Escribir durante una hora me parece una actividad creativa natural. Las ideas fluyen con suavidad, sin tensión ni fatiga. Pero, al cabo de una hora, el trabajo se convierte en fuerza de voluntad, en una tarea forzosa, realizada con mucha tensión física (apretando los dientes, etc.), como nadar contra corriente. 
 Muriel Schiffman, Gestalt Self Therapy 


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